lunes, 14 de diciembre de 2009

Barbour Mountain de Peter's Stillwater Revenge


Desde su Louisville (Kentucky) natal, Peter Smith aprovecha sus ratos libres (es bibliotecario) para reescribir clásicos del rock al pie de la letra pero con su propia y personal caligrafía. En una entrevista en el fanzine Proxo Martian explicaba su modus operandi (disculpas por la penosa traducción):
"Elijo un disco de mi colección y lo reproduzco a través de los auriculares (...). Mientras escucho las canciones voy haciendo sonar instrumentos y los voy grabando por pistas. (...) Nunca escucho el conjunto hasta el final, y entre una toma y otra dejo pasar días, incluso semanas, hasta que olvido qué he grabado en cada canción. ¿Metí ya la batería en ésta? ¿No he grabado ya un solo de dulcimer para esta otra? (...) La letra la improviso sobre la marcha; desde siempre he tenido una gran facilidad para crear rimas de la nada."
¿Qué queda de los originales? "A parte de la duración de los temas, cierta cadencia rítmica y alguna resonancia de los estribillos." Escuchados un par de discos, me atrevería a decir que sólo la duración de los temas, pero bueno...
El conjunto, por extraño que parezca, guarda cierta coherencia estilística (si entendemos la incapacidad técnica como estilo, claro) y temática. Cada obra al final es una pequeña ópera rock que, en lo musical, parece descomponerse al contacto con el aire, antes de llegar a nuestros oídos; y en lo temático da vueltas y más vueltas sobre obsesiones tan particulares, tan personales, tan nimias, que uno no puede más que sentirse identificado. Por ejemplo, en su reescritura del Ocean Rain de Echo & The Bunnymen (Answer Pain de Elmo & The Marmalades en su versión), nos habla de una tarde de pesca en que se clava un anzuelo entre dos dedos y repasa mentalmente los métodos para extraerlo sin dolor, conformando una fábula aterradora sobre la falta de responsabilidades al que la sociedad actual nos ha abocado (o algo así).
El resultado bascula entre la cacofonía más o menos articulada y el paisaje sonoro, entre el krautrock metronómico y una especie de folk de frenopático. Hipnótico y apasionante, una experiencia sónica realmente rica, sin la necesidad de recurrir al paternalismo que muchos defensores de estos outsiders enarbolan por bandera. Peter Smith se defiende muy bien él solo.